- El cerebro es un órgano vital que requiere nutrientes específicos para su óptimo funcionamiento cognitivo.
- Los ácidos grasos omega-3 son fundamentales para la comunicación neuronal, memoria y aprendizaje.
- La chía es una excelente fuente vegetal de omega-3 ALA que se integra fácilmente en una dieta equilibrada.
Por Carolina Chica, Gerente de Nutrición, Investigación y Desarrollo de Benexia.
Vivimos en una época donde cada vez prestamos más atención a nuestra salud. Nos preocupamos por el corazón, los huesos, el peso o la masa muscular, pero pocas veces nos detenemos a pensar en el cerebro, el órgano que nos acompaña en cada decisión que tomamos, cada recuerdo que construimos y cada conversación que sostenemos.
En el marco del Mes del Cerebro, vale la pena preguntarnos si realmente estamos haciendo lo suficiente para cuidarlo. Más allá de los desafíos intelectuales, el descanso o la actividad física, la alimentación también juega un papel preponderante en su funcionamiento.
Entre los nutrientes que han despertado mayor interés en los últimos años destacan los ácidos grasos omega-3, ampliamente estudiados por su participación en procesos asociados a la comunicación neuronal y la fluidez de las membranas del cerebro.
La evidencia ha demostrado que estos ácidos grasos participan en diversos procesos relacionados con el aprendizaje, la memoria y el adecuado funcionamiento cognitivo. Aunque esta relación se ha descrito principalmente con otros tipos de omega-3, DHA y EPA presentes en el pescado, recientes investigaciones relacionan el omega-3 ALA, presente en nueces y semillas con la salud cerebral.
En este escenario, es que la chía ha ganado protagonismo por ser una de las principales fuentes vegetales de ácido alfa-linolénico (ALA), un tipo de omega-3 esencial que nuestro organismo no puede producir por sí mismo y que debe obtener a través de la alimentación.
A eso se suma su versatilidad, dado que puede incorporarse fácilmente a distintas preparaciones y, con apenas dos cucharadas, genera un buen aporte en fibra, proteínas, minerales y ácidos grasos.
Si bien, ningún alimento, por sí solo, garantiza una buena salud cerebral, los beneficios de los omega-3 se potencian cuando forman parte de un esquema que incluye una alimentación equilibrada, acompañada de actividad física, descanso adecuado y hábitos de vida saludables.
Quizás esa sea una de las principales reflexiones que deja el Mes del Cerebro. Cuidar nuestra salud cognitiva implica pequeños hábitos que sostenemos en el día a día. La alimentación es uno de ellos y, en ese contexto, incorporar alimentos con un alto valor nutricional, como la chía, puede ser un aporte simple, accesible y fácil de mantener en el tiempo.